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martes, 30 de septiembre de 2014

Visualizar para crear

Por Pilar Jericó.

Si quieres conseguir algo, primero suéñalo. Así lo recomendaba uno de los grandes psiquiatras del siglo XX, Viktor Frankl. Durante la II Guerra Mundial, estuvo prisionero en campos de exterminio. Cuando se sentía muy hundido utilizaba una técnica: se veía a sí mismo dando una conferencia en una sala bien iluminada y cómoda frente a un atento auditorio, que escuchaba sus reflexiones. De este modo, Frankl estaba definiendo cómo le gustaría verse en unos años, se distanciaba de su amarga situación y se sentía más aliviado. Como decía el psiquiatra: “el prisionero que perdía la fe en el futuro -en su futuro- estaba condenado”. Y la explicación, volvemos a encontrarla en la ciencia.

domingo, 27 de abril de 2014

¡Impulsa tu carisma!

El carisma es posiblemente una de las cualidades más deseadas en el liderazgo. El sociólogo alemán Max Weber lo puso de moda hace más de un siglo. Lo definió como el vínculo emocional que eran capaces de crear algunos líderes y que provocaba que las personas los siguieran con entusiasmo y sin ningún tipo de cuestionamiento… Pero ese concepto está un poco lejos de lo que entendemos ahora. John Antonakis, Marika Fenley y Sue Liechti de la Universidad de Lausanne han analizado qué es el carisma en nuestros días y lo definen como la habilidad para comunicar un mensaje conciso, que transmita una visión clara e inspiradora. Indudablemente, el carisma está relacionado con el modo en que expresamos lo que queremos conseguir. Por ello, en la medida que perfeccionemos nuestra comunicación, podremos reforzar nuestro carisma. Esta última es una gran noticia, como demuestra la historia del mejor orador de la Grecia clásica, Demóstenes. Cuando era niño, tenía un problema de dicción y a fuerza de entrenar, incluso con piedras en la boca, fue capaz de influir en la historia de su época a través de sus discursos. Si lo aplicamos a nuestra vida, naturalmente no vamos a intentar ser como Martin Luther King o Barack Obama, pero sí que podemos incluir en nuestra comunicación recursos para llegar a ser más influyentes, confiables y gustar a los ojos de los demás. En definitiva, para despertar las emociones positivas de las personas, que es la base del carisma. Veamos algunas técnicas para conseguirlo: